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SINODO DE LA AMAZONIA - DECIMO QUINTO DIA

DIA MUNDIAL DE LAS MISIONES:"BAUTIZADOS Y ENVIADOS”.
Y EL NUEVO PACTO DE LAS CATACUMBAS.

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Vivencia compartida por Monseñor Adalberto Jiménez

Roma, Domingo 20 de octubre de 2019

 

Esta mañana, domingo unos 200 sinodales. Alrededor de 100 con celebrantes entre Obispos y Sacerdotes hemos madrugado saliendo de casa a las 05h00 hasta el lugar de los autobuses que nos llevaron hasta la Catacumba de Santa Domitila. Ha presidido la Eucaristía el Cardenal Claudio Hummes quien ha dicho llevaba la estola de Don Helder Cámara y nos invitó así como en otro tiempo hicieron varios obispos latinoamericanos un pacto de entrega y servicio a los más pobres y citó de Ecuador a Mons. Leonidas Proaño, así nosotros con esta Eucaristia y oración en las Catacumbas nos comprometiamos a trabajar y servir a los pueblos amazonicos y al cuidado de la Amazonia.
Los presentes firmamos un acuerdo con 15 aspectos sinodales.

A las 10:00 am., los participantes al Sínodo Amazónico y una cantidad enorme de fieles venidos de distintas partes del mundo, nos hemos reunido en la basílica vaticana de San Pedro para celebrar la santa misa, Jornada Mundial de las Misiones, DOMUND, junto al Papa Francisco que la ha presidido.
A continuación les comparto algunos pensamientos de la motivadora homilía.

“El secreto de la misión es que anunciar es renunciar”

• “La misión es dar aire puro a quienes viven inmersos en la contaminación del mundo”.
• “No hemos de conquistar ni hacer prosélitos, sino ofrecer con amor el amor recibido”. La Palabra se propone, no se impone.


El papa Francisco, en su homilía, glosando la lectura de Isaías, hizo una catequesis sencilla, pero profunda, sobre el significado de esta jornada del Domund en torno a tres palabras: un sustantivo, un verbo y un adjetivo.
El sustantivo es la montaña, ese lugar, señala Francisco donde, a la luz del Evangelio, “parece que es el lugar en donde a Dios le encanta dar una cita a toda la humanidad, desde el Sinái, el Carmelo, el Tabor, el Monte de los Olivos o el de las Bienaventuranzas. Pero ¿qué nos dice la montaña?, se pregunta el Papa. “Que estamos llamados a acercarnos a Dios y a los demás: a Dios, el Altísimo, en silencio, en oración, alejándonos de los rumores y chismes que contaminan. Pero también a otros, que desde la montaña se pueden ver desde otra perspectiva”.


“No nacimos para el suelo”
“La montaña nos recuerda que los hermanos y hermanas no deben ser seleccionados, sino abrazados, con una mirada y, sobre todo, con vida”, por lo que, añadió, “en el corazón de este mes misionero, preguntémonos: ¿qué me importa en la vida?”.


El verbo que acompaña al sustantivo montaña es “subida”. “No nacimos para permanecer en el suelo, para estar satisfechos con cosas planas. Nacimos para alcanzar las alturas, para encontrarnos con Dios y los hermanos. Pero para esto debemos ascender: debemos dejar una vida horizontal, luchar contra la gravedad del egoísmo, hacer un éxodo desde el propio ego”.


Una vida de servicio. El Papa nos advierte que uno no puede escalar bien “si está cargado de cosas. Así en la vida, uno debe aligerar lo que no se necesita. También es el secreto de la misión: para irse hay que dejar, para anunciar hay que renunciar”.


“El anuncio creíble no está hecho de buenas palabras, sino de una vida de servicio, que sabe cómo renunciar a tantas cosas materiales que hacen que el corazón sea más pequeño, que las personas sean indiferentes y se acerquen a sí mismas”.


Finalmente, el Papa desveló el adverbio que ha de acompañar a las otras dos palabras: todos. “Es la que resuena hoy como la más fuerte”, dijo. “El Señor sabe que somos tercos al repetir ‘mi’ y ‘nuestro’: mis cosas, nuestra gente, nuestra comunidad… y nunca se cansa de repetir ‘todos’. Todo, porque nadie está excluido de su corazón, de su salvación; todo, para que nuestro corazón vaya más allá de las costumbres humanas, más allá de los particularismos basados en el egoísmo que a Dios no le gusta. Todos, porque todos son un tesoro precioso y el significado de la vida es dar este tesoro a los demás. Aquí está la misión: escalar la montaña para rezar por todos y bajar de la montaña para ser un regalo para todos”.

La Iglesia como discípula 
Pero, ¿qué instrucciones nos da el Señor para ir a todos?, se preguntó. “Una, muy simple: hacer discípulos. Pero cuidado: sus discípulos, no los nuestros. La Iglesia anuncia bien solo si ella vive como discípula”, por lo que hizo hincapié en que se trata de “no conquistar, complacer, hacer prosélitos, sino presenciar, poniéndose en el mismo nivel, discípulos con los discípulos, ofreciendo con amor ese amor que hemos recibido”.


“Esta es la misión: dar aire puro, a gran altitud, a quienes viven inmersos en la contaminación del mundo; traer a la tierra esa paz que nos llena de alegría cada vez que nos encontramos con Jesús en la montaña, en oración; mostrar con vida e incluso con palabras que Dios ama a todos y nunca se cansa de nadie”.


Por último recordó que “cada uno de ustedes es una misión en esta tierra” y que estamos en ella “para presenciar, bendecir, consolar, levantar, transmitir la belleza de Jesús”, por lo que animó ir con amor hacia todos “porque tu vida es una misión preciosa: no es una carga que sufrir, sino un regalo que ofrecer”. Y para concluir, el Papa nos dio una exhortación: “Coraje, sin miedo: ¡vamos a todos!”.

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